lunes, 9 de abril de 2018

Nuestro tercer hijo: un hijo para la eternidad

Hoy se celebra la jornada por la vida y creo que es un buen momento para retomar el blog después de más de un año de parón, para compartir con vosotros que en diciembre tuvimos una grata sorpresa cuando nos enteramos que esperábamos a nuestro tercer hijo, un hijo buscado y deseado. ¡YA ERÁMOS FAMILIA NUMEROSA! Enseguida dimos la noticia a sus hermanos, ¡qué gran emoción tuvieron! Al mayor le pregúntamos cuántos erámos en casa, y dijo: 
-"cuatro"
-"no, somos cinco"
-"mamá estás embarassà, tens un bebé en la pancheta!serà una nena?" (todo esto dando saltos de alegría).

A pillisquín, que iba camino de los dos, le costó más entenderlo, aunque desde ese día y contagiado por la alegría de su hermano y de sus padres, no hacía más que decir "hola bebé" (mientras acariciaba o besaba mi barriga). Y es que desde el momento que se enteraron que tenían un hermano no han hecho más que derrocharle amor, ellos sabían, que aunque pequeño y en crecimiento, ese era YA su hermano pequeño. Qué paradojas, como algo tan obvío ante los ojos de unos niños, cuesta tanto de entender a gobiernos y adultos....

Nuestra alegría duró unos meses, en Febrero fuímos con los niños a ver cómo se movía su hermanito, tuvimos la ecografía de las 12 semanas y ahí se nos vino el mundo encima. Cuesta entender cómo es posible estar tan inmensamente feliz esperando para que tus hijos vean por fín a su hermano en la ecografía, y salir de allí destrozados. Ahí estábamos viendo en la pantalla al bebé, moviéndose, viendo a tus hijos que no le quitaban los ojos de encima, e ir entendiendo que algo no va bien, que algo hay que no encuentran, que algo les preocupa... la ginecóloga no sabía cómo darnos la noticia, ante la mirada atenta de nuestros hijos. Nuestro hijo tenía un pliegue nucal muy elevado (casi el doble del límite considerado como normal), además de no divisarle ni vejiga ni estómago y de presentar otras alteraciones importantes que apuntaban a que presentaba una alteración cromosómica. Nos dijeron que podía ser síndrome de down, síndrome de edwards o síndrome de patau. Nosotros no podíamos creer lo que nos estaban diciendo....ahí sentados con los niños, viendo todavía a nuestro pequeño en la pantalla, y oír hablar de amniocentésis, de "derecho" a interrumpir el embarazo, de que realmente era un situación seria, que venía con problemas, que lo mejor era seguir el protocolo, hacerse las pruebas pertinentes... Ante esta situación, teníamos muy claro que aquel que veíamos moverse era nuestro hijo, y tuviera lo que tuviera no íbamos a deshacernos de él "interrumpiendo el embarazo", que no entraba en nuestras opciones matar a nuestro hijo porque no viniera "bien", sino que lo único que queríamos era ver si había opciones de hacer algo por él, y sino podían hacer nada, le acompañaríamos el tiempo que estuviera con nosotros, como cualquier padre debe hacer con sus hijos, tengan la edad que tengan.

Es duro ver como ante una situación así, los médicos, que deben proteger la vida, solo te animan a que te hagas pruebas (que tienen riesgos para el bebé) para que estés "en tu derecho" de matar al hijo que crece en ti. Aún recuerdo cómo le pedí que me diera una foto del bebé, y casí pareció que le extrañaba, como si por tener "problemas" no fuera a querer tener un recuerdo de él.

Así fue como ante esta noticia llegó a nuestra vida la incertidumbre, el temor, el miedo a no saber que iba a pasar con este hijo, pero ese miedo se fue convirtiendo en confianza al unirnos para rezar y al ver a tantísima gente, familiares, amigos, conocidos y desconocidos, todos unidos en oración por la sanación de nuestro hijo (Un millón de GRACIAS a todos).  

Recuerdo que a mediados de febrero tuvimos la dicha de ir a una adoración y ahí dejarle todos nuestros temores al Señor, llorar ante Su presencia, y Él transformar esas lágrimas en paz, en serenidad. Ahí el Señor a través del sacerdote parecía hablar a nuestro hijo: "desde antes de estar en las entrañas de tu madre, Yo te elegí, Yo te amé, eres perfecto, Yo te he creado". Ahí hubo un cambio en nuestro amor por nuestro hijo, Dios lo había creado y Él no hace cosas imperfectas aunque a nuestros ojos lo pueda parecer y así nos lo quieran hacer creer, pero ese día Dios nos abrío los ojos y pudimos entender que nuestro hijo era amado de manera incondicional por Dios, así, como venía, y también lo era por nosotros. Gracias a Dios entendimos que teníamos un HIJO PERFECTO. Ese día empecé a vivir el embarazo con PAZ, con un gran amor por mi hijo perfecto y precioso, con su gran pliegue nucal, con su quiste de líquido, con todos "los problemas", era PERFECTO. Y sabíamos que los médicos no podían hacer nada por nuestro hijo, pero Dios si quería podía curarle, Él todo lo puede y tiene la última palabra, así que tocaba dejarlo TODO en Sus manos y en las de María, su madre. El sacerdote le hizo una  preciosa oración de sanación y nos fuímos de allí con una gran PAZ y confianza en el Señor que TODO LO PUEDE.

Aún así nuestros planes no son siempre Sus planes, y en la ecografía de la semana 16 nos dijeron lo que una madre nunca quiere oír, que su hijo ya no vive, que no tiene latido.  Mi marido y yo no podíamos creer lo que nos estaban diciendo, íbamos ahí con la esperanza de que todo se hubiera "arreglado", y nos encontramos con la peor de las noticias. Fue un momento muy duro, ese y los que le siguieron.  Aún así te queda la paz de haber apostado por la vida, de haber apostado por tu hijo, de haberle acompañado y haberle dado amor. Porque todos moriremos antes o después, pero la vida sigue teniendo el mismo valor vayas a vivir más tiempo o menos. No tenemos derecho sobre la vida de nuestros hijos, más que para protegerla y cuidarla. 


Fue muy duro dar a luz a nuestro hijo sin vida, verle TAN PEQUEÑO y a la vez TAN PERFECTO, es duro tener que despedirte de alguien al que quieres con  locura y del que apenas has empezado a disfrutar. Pero a la vez fue una bendición, poderle ver, tenerle en nuestros brazos, acariciar, ver que es real, que nadie nos va a engañar diciendo que total estábamos aún de poco y "no sería nada", o que son "restos quirúrgicos" como algunos le llamaban en el hospital. De eso nada, ES NUESTRO HIJO, con todo formado, los deditos perfectos en esas manos diminutas, los ojos, boca, nariz, brazos, piernas....¿cómo puede alguien viéndolo en nuestras manos tratarlo como si no fuera una persona? No hay más ciego que el que no quiere ver... ¿cómo hay tanta gente que sigue  defendiendo que tenemos derecho a matar a nuestros hijos solo por el hecho de ser pequeños? Nadie debería vivir con eso sobre su conciencia, ya es muy duro perder a un hijo, no lo hagamos más duro todavía.

Aunque nos cueste entenderlo y a simple vista no lo parezca, los planes de Dios son siempre mejores que los nuestros. Nosotros rezábamos por el milagro, pero quizá el milagro se ha producido pero no como nosotros queríamos, algún día podremos entender el por qué, mientras tanto no queda otra que vivir el duelo, aprender a vivir con el vacío de no tener a nuestro querido Francis con nosotros, de no tenerle creciendo en mi interior. Ahora nos toca dejar de pensar en todo lo que podía haber sido y no será.  Nos toca pedirle fuerzas y serenidad para vivir sin él,  porque Dios se lo quiso llevar muy pronto, y es un gran vacío el que te deja "perder" a tu hijo. Un vacío que no se puede explicar y que no entiendes hasta que "por desgracia" te toca vivirlo a ti. Porque ese hijo, es TU HIJO para la eternidad, ni el tiempo, ni futuros hijos que puedan llegar, llenarán su vacío ni le reemplazarán. 

Ahora toca cuidar la fe que se ha acrecentado gracias a ti Francis, es el momento de permanecer tan unidos como lo hemos estado estos meses en los que has estado con nosotros, es el momento de dar gracias por tu vida, corta pero fructífera. Gracias por ayudar a tus padres a ser mejores y a querernos más. Gracias porque ahora tenemos los pies aquí en la tierra, pero la mirada y el corazón allí en en Cielo. Gracias porque tus hermanos han aprendido muy pronto lo más importante, que esta es una vida de paso para llegar al Padre, que el cuerpo muere pero el alma no lo hace. Han aprendido que aunque no te veamos sigues existiendo y pueden contar contigo. Han aprendido que un día nos llegara a nosotros el momento y estaremos juntos de nuevo. Han aprendido que SOLO DIOS es dueño de la vida y que es un Padre que nos quiere con locura y todo lo hace bien, aunque nos de pena y no lo podamos entender aún. Gracias porque contigo hemos aprendido y experimentado que cada hijo es un DON de DIOS, un regalo que no nos pertenece y que igual que llega se va, por lo que debemos estar inmensamente agradecidos y aprovechar cada momento que Dios nos regale con ellos. 

Gracias a Dios tenemos FE, y sabemos que la muerte no tiene la última palabra, sabemos que nuestro querido hijo está en las mejores manos, sabemos que ha tenido la dicha de pasar directito a disfrutar de Dios, y que desde allí nos cuida, acompaña y ayuda. Aunque para nosotros sea duro, Dios ha querido que nos preceda en el camino al Cielo y desde allí nos ayude a nosotros a llegar un día, y cuando llegue ese momento, le daremos todos los abrazos y besos que no le hemos podido dar aquí.  ¡TE QUEREMOS FRANCIS!

1 comentario:

  1. No he podido contener las lágrimas tras leer el blog,sin duda una gran lección de vida. Un fuerte abrazo y os acompañamos en el sentimiento. Cuidaros. Besos de parte de los tres ��

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